Tratamientos

Las familias que maltrataron físicamente a sus hijos fueron las primeras en recibir un tratamiento, encaminado a optimizar aquellas variables que se consideraron generadores de dichas acciones punitivas. En un primer momento, aparecieron los modelos de la primera generación que fueron unifactoriales, destacándose: a) el modelo psiquiátrico, que empleó de modo generalizado un tratamiento encaminado a controlar las características psicopatológicas de los padres; b) el modelo social, que consideró como variables parentales dignas de tratamiento todas aquellas procedentes del medio social, como afrontamiento a los problemas sociales, aislamiento, paro, etc; c) y finalmente nuevos aires en la investigación subrayaron que el tratamiento tenía que centrarse en aquellas características propias del niño que aumentaban la probabilidad del maltrato. Sin embargo, los resultados obtenidos, en la década de los años sesenta, setenta y parte de los ochenta, no fueron determinantes y los padres seguían maltratando a sus hijos. A raíz de estos efectos, surgieron los modelos de la segunda generación en donde se empezó a contemplar el problema desde una perspectiva multideterminada, al florecer los modelos de interaccionistas de causalidad múltiple y concurrente, como el transaccional, transicional y ecológico, fundamentalmente. En ellos, el objetivo no consistió en hacer remitir el hecho al maltratante o negligente, sino en optimizar la dinámica familiar, aumentando para ello las influencias recíprocas y disminuyendo el estrés familiar. Finalmente, surgió una tercera generación de modelos (el del Procesamiento de la información y el modelo de afrontamiento del estrés, entre otros) que dieron un nuevo rumbo al tratamiento familiar y ambiental. En definitiva, algunos de los tratamientos más utilizados en estas dos tipologías de maltrato son:


Los tratamientos cognitivos-conductuales consistentes en identificar, para luego modificar, aquellas incapacidades parentales observadas en relación con el manejo del hijo. Son intervenciones de corta duración, pero con gran implicación continua y directiva por parte del profesional; sin embargo, la familia necesita posteriormente servicios de apoyo o supervisión, pues los logros podrían debilitarse y remitir. Se pueden llevar a cabo tanto en los centros institucionales específicos, donde los padres reciben, en horarios flexibles y bien estructurados, apoyo e información puntual. Por otro lado, el desarrollo de este tratamiento suele ser individual o diádico, contemplándose la posibilidad de actuar simultáneamente con todos los miembros familiares, incluyendo a las propias víctimas, aunque suelen participar sólo aquellos miembros que necesitan realmente dicho tratamiento. Sin embargo, los resultados más positivos se han observado al combinarse el tratamiento individual domiciliario con el tratamiento grupal de entrenamiento de padres. Los temas específicos de este tratamiento relativo al maltrato físico son: extinción de conductas indeseadas, aumento del nivel de tolerancia, disminución de las manifestaciones verbales y conductuales negativas hacia el hijo y técnicas de autocontrol, entre otras. En cambio, los objetivos de tratamiento en familias negligentes giran en torno al cuidado físico del hijo (alimentación, vacunación, cuidados médicos, etc.) y al desarrollo de una mayor interacción entre padres e hijos. Temas comunes a ambas tipologías podrían ser la reducción del nivel del estrés familiar, el modelado de nuevas conductas, el uso del refuerzo positivo, la enseñanza de nuevas habilidades parentales y la adecuación entre el desarrollo del hijo y el nivel de expectativas exigidas (Lutzker, 1990; Gaudin, 1993).

Los tratamientos multifactoriales, llamados también eco-conductuales o multimodales, van encaminados a paliar simultáneamente una gran cantidad de problemas y déficits que afectan a las familias maltratadoras y negligentes, focalizando su atención no sólo en la influencia recíproca de padres e hijos, sino también en variables procedentes del propio entorno. Uno de los programas multifactoriales más significativos (Lutzker, Wesch y Rice, 1984) fue el de doce vías, llamado así porque intenta proporcionar una docena de recursos a la familia: 1) entrenamiento parental ante la conducta manifestada por el hijo, 2) entrenamiento dirigido al hijo sobre una serie de habilidades básicas (control de esfínteres, aseo personal, etc.), 3) enseñanza sanitaria y de alimentación, 4) seguridad en el hogar, 5) terapia/consejo de pareja, 6) entrenamiento para el control y manejo del estrés, 7) administración adecuada de los recursos económicos, 8) empleo adecuado del ocio y del tiempo libre, 9) desarrollo de técnicas apropiadas para buscar empleo, 10) entrenamiento en habilidades de autocontrol, 11) tratamiento de las toxicomanías y 12) ayuda a madres jóvenes solteras (preparación prenatal y postnatal). Estos programas suelen desarrollarse en casa por parte de profesionales o paraprofesionales, combinándose con la intervención de un apoyo/tratamiento grupal, en centros adecuados. Diversos métodos se pueden llevar a la práctica, destacamos la psicoterapia (promover cambios de personalidad), el educativo (conocimiento y aprendizaje de nuevas estrategias) y finalmente los grupos de autoayuda (conseguir que los componentes del grupo se proporcionen ayuda o apoyo entre sí).
e) los grupos de autoayuda, llamados también grupos de discusión, son grupos de voluntarios que, sin ningún tipo de afiliación, se reúnen con relativa frecuencia en un centro específico para exponer en público sus problemas, sin temor a ser criticados, con la intención de buscar apoyo en sus dificultades relacionados con el hijo o hija.

El Tratamiento médico dirigido a la víctima encaminado a curar las lesiones maltratantes o negligentes. E intervención médica a los padres para solventar posibles enfermedades orgánicas o problemas depresivos, o de otra índole, que pudieran favorecer la reincidencia.